Martes de la 23ª semana del Tiempo Ordinario

Martes, 9 de septiembre de 2014

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (6,1-11):

Cuando uno de vosotros está en pleito con otro, ¿cómo tiene el descaro de llevarlo a un tribunal pagano y no ante los santos? ¿Habéis olvidado que los santos juzgarán el universo? Pues si vosotros vais a juzgar al mundo, ¿no estaréis a la altura de juzgar minucias? Recordad que juzgaremos a ángeles: cuánto más asuntos de la vida ordinaria. De manera que para juzgar los asuntos ordinarios dais jurisdicción a ésos que en la Iglesia no pintan nada.
¿No os da vergüenza? ¿Es que no hay entre vosotros ningún entendido que sea capaz de arbitrar entre dos hermanos? No señor, un hermano tiene que estar en pleito con otro, y además entre no creyentes. Desde cualquier punto de vista ya es un fallo que haya pleitos entre vosotros. ¿No estaría mejor sufrir la injusticia? ¿No estaría mejor dejarse robar? En cambio, sois vosotros los injustos y los ladrones, y eso con hermanos vuestros. Sabéis muy bien que la gente injusta no heredará el reino de Dios. No os llaméis a engaño: los inmorales, idólatras, adúlteros, afeminados, invertidos, ladrones, codiciosos, borrachos, difamadores o estafadores no heredarán el reino de Dios. Así erais algunos antes. Pero os lavaron, os consagraron, os perdonaron en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por Espíritu de nuestro Dios.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 149,1-2.3-4.5-6a.9b

R/. El Señor ama a su pueblo
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey. R/.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes. R/.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca;
es un honor para todos sus fieles. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,12-19):

En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salta de él una fuerza que los curaba a todos.

Palabra del Señor

Solemos poner a los ángeles por encima nuestro, y sin embargo, mira, Pablo dice que hemos de juzgarlos. Y no sólo a ellos, sino también al Universo.

Tenemos una gran potestad, y nos devaluamos, nos encogemos.

Si hemos de juzgar a Ángeles y al mismo Universo, ¿porqué nos cuesta tanto sopesar las cosas de la vida cotidiana de una manera cristiana?

¿Es que tienen que ser otros, con otros criterios los que pongan su veredicto y su criterio?

Sin embargo corren tiempos en que preferimos quedarnos al margen.

A veces se cree que la fe no es juicio, por eso de no juzgarás, como dice Jesús alguna vez: “ no juzgues y no serás juzgado”

Pero confundimos el juicio de Dios, que es quien tiene capacidad para juzgar verdaderamente a cada uno, con la capacidad nuestra y cristiana de valorar sobre lo que es justo o no y que incide en nuestra forma de vida y nuestras acciones con los demás, como el hambre, la carrera de armamentos, la distribución de las riquezas, en consumo responsable, la ecología,…

O sea no podemos meternos a los juicios de Dios, que sólo son suyos, pero no podemos escondernos ni resbalarnos lo que es injusto en nuestro quehacer de cada día, porque el Reino de Dios llega a través de la justicia que obremos o se retardará si nos quedamos sin practicar la justica según la luz de Jesús.

Es la luz de Jesús la que va a discernir en nosotros, es su Espíritu Santo quien va a darnos el criterio para sopesar, para valorar y tomar una decisión al respecto.

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