Miércoles de la 23ª semana del Tiempo Ordinario

Miércoles, 10 de septiembre de 2014

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (7,25-31):

Respecto al celibato no tengo órdenes del Señor, sino que doy mí parecer como hombre de fiar que soy, por la misericordia del Señor. Estimo que es un bien, por la necesidad actual: quiero decir que es un bien vivir así. ¿Estás unido a una mujer? No busques la separación. ¿Estás libre? No busques mujer; aunque, si te casas, no haces mal; y, si una soltera se casa, tampoco hace mal. Pero estos tales sufrirán la tribulación de la carne. Yo respeto vuestras razones. Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 44,11-12.14-15.16-17

R/. Escucha, hija, mira: inclina el oído
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu Señor. R/.
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus compañeras. R/.
Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.
«A cambio de tus padres, tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra.» R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,20-26):

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»

Palabra del Señor

Me imagino a Pablo casado, me pongo en su pellejo, cruzando por zona de ladrones, siendo apaleado, robado, encarcelado, juzgado, prisionero de cristo, con peligros por todos los lados, acosado, pero no rematado…, entre vivir y morir, con una espada de peligro siempre sobre su vida.

¿Os imagináis si hubiera tenido consigo a una mujer e hijos por esos lugares?

¿Hubiera sido el mismo Pablo, o saldría un Pablo más protector de su familia?, y a la vez su familia, ¿no le protegería constantemente y le recortaría su apostolado?

¿Quién tendría más peso, la familia de Dios o la de sangre?

Pablo quiere evitar este dilema, con la simplicidad de una vida célibe.

Cierto que hay misioneros que se van con su familia y que ésta responde como la que más…. Pero entonces la misión es de toda la familia, no sólo de uno.

Si es la vocación de toda una familia por la misma causa, adelante, pero estamos en unos tiempos en donde la familia se resquebraja y donde no toda está unida, así que pienso en Pablo sentado, mirando a las mujeres, a hombres, niños y jóvenes, abuelos y hogares, pensando que si hubiera alguna familia que pudiera ir entre desfiladeros de bandidos como pasó, o dormir al raso, encararse con una multitud, o decir algo que no va a gustar a los habitantes de donde van a vivir, siempre de aquí para allí, sin estabilidad, sin casa propia, sin lugar donde los hijos crezcan, en fin, que Pablo se daba a sí mismo un consejo según sus tiempos, según su experiencia y misión, según la radicalidad de su entrega al Evangelio.

Claro que si uno está en una ciudad, con unos parroquianos, estable en su zona, con una red organizada de feligresía, actividades, en un apostolado a la vuelta de su casa, a unos pasos todo, con la misma labor, con posibilidad de ver crecer a sus hijos, asistido y asistiendo sin sobresaltos graves, con un sueldecito, siendo como uno más de los ciudadanos, habituándose a su vivir, pues…, la recomendación de Dios es la que nos viene en el Génesis: “no es bueno estar solo” en medio de este mundo social, pero ya no sería como Pablo, ni sus circunstancias, pues su consejo iba a personas que iban a tener una vida similar a la suya.

Sin embargo, aunque la vocación del celibato no es para todos, sí es para todos las bienaventuranzas, y me quedo con una que no sale en el Evangelista Lucas, y es la de los limpios de corazón, porque llevar celibato no es nada, sin la limpieza de corazón, y estar casado igual, sin limpieza de corazón. Luego casados o no, todos hemos de buscar la limpieza de corazón, pues sólo ellos verán a Dios.

Sin corazón limpio tenemos la vista empañada para ver la Belleza y la Bondad de la Vida, para ver y anunciar el Reino de Dios.

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