Custodia de Amor

Hoy he amanecido con mucha energía, he descansado mucho, y estaba dispuesto para un día en el Señor Jesús.

Iba con la ropa de todos los días, al lugar de todos los días, con la gente de todos los días, bueno, éramos menos.

Ha sido como un día normal, y era fiesta, sí, era fiesta en mi ciudad, en mi Provincia, en mi Comunidad, y he hecho casi lo de todos los días.

Hemos tenido día de trabajo, hemos hecho guardia unos cuantos.

¿Dónde está tu cuerpo Señor cuándo trabajo?

Una compañera me contaba un asunto sobre la custodia de su hija, la cual el marido reclama, pues la niña, de once años, decía que ya no quería estar con ella.

Me lo contó ayer, y exponiéndolo parecía que la hija estaba enfadada con ella..

Hoy me dijo que ayer por la tarde habían hablado, que la niña reclamaba más cariño, y un trato con más mimo y atención. Que ayer mismo salieron al cine a ver una película, y parecía algo había cambiado en su actitud.

La actitud de ambas cambió.

No se cual será el desenlace de esta custodia, pero lo cierto es que madre e hija se hablaron y reconocieron sus demandas respectivas, acercándose la una a la otra.

En la mesa del Señor, ante el pan de la vida, hoy miramos el pan, la Custodia, y algo me dice… ¿dónde están mirando sus hijos?

¿Los que no quieren mirar, los que miran para otro lado, los que la niegan y reniegan, …, y dónde están los que mirando con afán la custodia se olvidan de aquel a quien tanto ama el Señor?

La mirada en él, a él.

¿Y ese mirarnos entre nosotros?, entre los que somos sus hijos e hijas, preguntarnos qué demandas de amor hay entre nosotros.

Cuerpo de Cristo, que siendo la luz yaciste en un sepulcro sin luz, eres tú quien custodias nuestros corazones en nuestras oscuridades, y por más oro que te pongamos alrededor eres tú quién nos dices que somos valiosos, que somos más bellos que el oro y la plata fina, eres tú quien irradias, quien nos quieres como soles, eres tú quien haces de nosotros custodia, quién suplicas por nosotros ante el Padre, eres tú que de amor te has hecho pan para darnos vida, que te has hecho cuerpo para unirnos a ti, que cuando te miramos nos vemos, y cuando dejamos de mirarte tú sigues con tu mirada nuestros pasos, radiantes desde tu amor…, y… ante tanto derroche de tu luz, qué vano es mi oro para vestirte, mi plata para elevarte, mis galas para seguirte, para no guardarme todo lo que soy, para ser contigo pan y vino de ti mismo, mi mirada vuelta al que tengo al lado, a tu hijo o hija con quien hago miga, y sobre todo con quien tengo malas migas, que algo me está diciendo para ser tu misma carne y tu figura.

Custódianos en tu Amor, y que veamos en cada ser custodia e irradiación de tu Amor.

soles

soles (1) - copia

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