Lunes de la 15ª semana del Tiempo Ordinario (Comentario al final)

Lunes, 11 de julio de 2016

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (1,10-17):

Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: «¿Qué me importa el número de vuestros sacrificios? –dice el Señor–. Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de cebones; la sangre de toros, corderos y chivos no me agrada. ¿Por qué entráis a visitarme? ¿Quién pide algo de vuestras manos cuando pisáis mis atrios? No me traigáis más dones vacíos, más incienso execrable. Novilunios, sábados, asambleas, no los aguanto. Vuestras solemnidades y fiestas las detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más. Cuando extendéis las manos, cierro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 49

R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

«No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños.» R/.

«¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?» R/.

«Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.
El que me ofrece acción de gracias, ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.» R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,34–11,1):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz; no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa. El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»
Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

Palabra de Dios

Ayer Moisés nos decía: "Escucha la voz del Señor…" Dt (30,10), pon todo el corazón, toda el alma… en esta escucha y sigue su Voz.

Sigámosle porque no es superior a nuestras posibilidades, que no…

Pero sí, que sí, que sí se puede ser un seguidor de Jesús, que no es un imposible, ni en estos tiempos, como tampoco antes o en un futuro.

Dios no nos pide imposibles, quizá lo que nos pida a través de Isaías en la lectura de hoy es que dejemos de darle lo que no le corresponde, porque nos gastamos la energía y se nos van las fuerzas en ofrecerle lo que no quiere, que no, que por ahí nos cansamos, agotamos al mismo Dios.

Por ello, seguir a Jesús es posible, siempre en cuanto, nuestra energía esté dispuesta para él, y no la malgastemos, que tengamos el sentido y dirección enfocadas a él, y dejemos aquello otro que son “dones vacíos, incienso execrable, asambleas y fiestas que no aguanta”,…, porque se nos puede ir lo principal como nos dice Isaías.

¿Lo principal?, lo vimos ayer domingo, así que igualmente nos viene la pregunta:

– Maestro, ¿qué tengo que hacer?, ¿qué es lo principal Señor para no cansarnos y darte lo que tú quieres?

El final de la primera lectura de hoy nos responde casi de la misma forma que la parábola del Samaritano: “Aprender a obrar el bien, buscad el derecho, enderezad al oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda… “

El Evangelio de hoy según san Mateo nos habla de las consecuencias de ello:

Se te van a echar algunos encima, que son, los que no buscan el derecho, los que se aprovechan y oprimen a los desheredados, los que no protegen a los más débiles y desfavorecidos…, igualmente vas a tener mala prensa si vas con ellos, pues te van a señalar, incluso los más cercanos, lo que más quieres, te van a decir que así no se gana uno la vida, sino que vas a perder lo principal.

Volvemos a la pregunta:

– ¿Qué tengo que hacer?, ¿qué es lo principal?

La pregunta por lo principal es una cuestión de valores, y ojo, Isaías nos previene de ciertas consideraciones que pueden ser muy loables, pero… ¿qué es lo que Dios nos pide?

Por lo visto el Evangelio de hoy nos habla de valores a elegir, y a seguir, aunque eso nos suponga contradicciones y juicios, que nos señalen.

Cada momento o situación tiene unos valores más a considerar que otros, por ello más que juzgar hemos de aprender una cosa, sólo una cosa, y hacer lo que hagamos con todo el corazón, la mente y el alma, pero no de cualquier manera, o por cualquier autoridad o afición, sino desde la escucha a Jesús.

Porque Mateo señala algunas instrucciones de Jesús:

Que volvamos a escuchar, a Jesús, porque quien escucha y aprende de él, sabe dónde está la vida, sabe cuáles son los valores para la situación y el momento presente que vive, ojo siempre en presente, el pan de hoy, el de cada día…. Sabe diferenciar, y sabe qué es lo que él prefiere y sus preferidos, aquellos pobrecillos, a veces profetas que nos gritan, otras con sed de justicia. Además sabemos que no perderemos, sino que ganaremos, sí, os lo aseguro, seguir a Jesús es seguir a quien ha vencido, perdiéndolo todo, abandonando todo, despojado de todo, y sin embargo, como el domingo dice Pablo a los Colosenses, Jesús es imagen de Dios invisible, todo se mantiene en él, es el principio, y en él quiso Dios que residiera toda la plenitud…, y desde ahí, están vencidas todas las contradicciones, divisiones e incomprensiones, no nos liemos más, no le demos más vueltas, ya no hay contrarios ni enemigos, porque Jesús, entonces sí, viene para reconciliar consigo todos los seres, los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Es desde este valor desde donde hay que mirarlo todo para ver la unidad en medio de la división, la paz en medio de la guerra, el sentido en medio del sin sentido, la luz en medio de la oscuridad, el amor en medio del odio.

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