Lunes de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

 Enviar por email En PDF Imprimir

Lecturas y Comentario del Lunes, 3 de octubre de 2016

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (1,6-12):

Me sorprende que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó a la gracia de Cristo, y os hayáis pasado a otro evangelio. No es que haya otro evangelio, lo que pasa es que algunos os turban para volver del revés el Evangelio de Cristo. Pues bien, si alguien os predica un evangelio distinto del que os hemos predicado –seamos nosotros mismos o un ángel del cielo–, ¡sea maldito! Lo he dicho y lo repito: Si alguien os anuncia un evangelio diferente del que recibisteis, ¡sea maldito! Cuando digo esto, ¿busco la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿Trato de agradar a los hombres? Si siguiera todavía agradando a los hombres, no sería siervo de Cristo. Os notifico, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 110,1-2.7-8.9.10c

R/. El Señor recuerda siempre su alianza

Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman. R/.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud. R/.

Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza,
su nombre es sagrado y temible.
La alabanza del Señor dura por siempre. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,25-37):

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»
Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»
Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»
Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.»
Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»
Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.” ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»
Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.»
Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»

Palabra del Señor

¿Cuántos evangelios hay?

El Evangelio es uno, una es la Buena Nueva, si bien, puede ser según Lucas, según Mateo, según Juan, San Marcos, Pablo, según tú, yo, mi vecino, …

Muchas veces me digo que puedo caer en que el Evangelio según mi apreciación sea volverlo del revés y acomodarlo según mi criterio, y no ser yo quien debiera ponerme del revés, convirtiéndome a lo que hay en el.

Me doy cuenta que cuando pongo el mi, más que el Evangelio tal y cómo es, busco aprobación, reconocimiento, busco ser estimado, busco caer bien, o simplemente veo más con mi color la luz del Evangelio, y no percibo que está teñido de mi, de mis apreciaciones, de mis colores, y pierdo su luz, clara y limpia, sin mezclas, sin distorsiones.

Porque no es de origen humano, es revelación, y por lo tanto no es fabricación o hechura mía.

Viene a mi, llega a mi, lo vivo yo, no para impregnarlo de mi mismo, sino para dejarme impregnar y llenar de el, y desde esa actitud, ya no soy yo, soy receptor, se desvela y revela, por medio de Jesucristo, y esto nos mete en su conocimiento, y en el conocimiento del Evangelio.

Si se revela, viene, empapa, deja su impronta, transforma, nos hace nuevos, nos lleva a sí mismo.

Si por el contrario le pongo mi filtro, lo velo, lo dirijo, le corrijo, le pongo enmiendas, añado, quito, interpreto, y entonces, el Evangelio deja de ser Revelación y pasa a ser mi hechura, origen sólo humano, mío, y lo vuelvo del revés, le quito su origen y su fin.

San Pablo llega más allá, y nos habla incluso de esas inspiraciones angélicas, que tienden a ver luz revelada, pero que tampoco son, por más hable un ángel del cielo, esa Palabra del Señor.

¿Cuál es el criterio para discernir?

Si alguien ha estado en un laboratorio, o a visto a un fotógrafo revelar, sabe que ha de estar apenas sin luz, sólo una tenue luz roja, porque cualquier luz puede distorsionar la realidad, así que hay que estar a oscuras, como los místicos tantas veces han hablado, donde no dejemos que ninguna luz, “nuestra o angélica” impacte, sino meternos en ese cuarto, en esa noche oscura, serena, que después de varios lavados, deja una verdadera impresión, que no es puesta por mi.

Los que saben de la calidad de la fotografía, saben del tiempo de exposición, si el químico o esos momentos en laboratorio ha sido el adecuado, y si ha resultado una foto óptima.

Así que lo que plantea San Pablo en Gálatas es que se nos revela el Evangelio de Cristo, y para no quedarnos con un revelado distorsionado, he de dejarme impregnar por él, desde el vacío de mi mismo, sin buscar una iluminación mía particular, ni un beneficio, sin que sea mío o de otro, sino dejar que su luz vaya desvelando y revelando su plan para conmigo, para con mi familia, comunidad, nación, mundo.

Porque grandes son las obras del Señor, dignas de estudio en su amor.

Jesús nos señala luego que el Evangelio se revela en el Amor, que es amando como el amor de Dios se da y se nos da…, y con una gran inteligencia, expone algo que ha pasado siempre para no amar desde el conocimiento del Amor, para no amar como Dios me ha amado, y buscar justificaciones, y argumentos para manejar esta palabra: Amar.

Amar y sus interpretaciones, el Evangelio y sus interpretaciones, volvemos a lo mismo, así que me doy cuenta que, cuando dejo que el Amor sea el centro de mi vida, cuando no trato de escabullirme, cuando me meto en la noche sin huir de ella, en ese cuarto oscuro, con mis sombras y una pequeña luz, cuando no busco mis créditos y beneficios a corto plazo, y no trato de justificar mis acciones, sino que entro en lo que significa Amar al Señor, nuestro Dios, con todo mi corazón y con toda mi alma y con todas mis fuerzas y con todo mi ser, y amar al prójimo como a mi mismo, el Amor se revela, y no lo pongo yo, porque ya es antes que yo.

Puedo dar la vuelta y volver del revés esto del amor, hasta que dejo que el amor me de la vuelta a todo (de hecho es el negativo, hablando en términos fotográficos, implica este dar la vuelta), y a mi también, para poner las cosas tal y como son, porque el amor nos mueve, sólo falta que se revele, desde ese motor fundamental, metidos en el Evangelio, en el Amor de Dios, que todo lo mueve y que nos ha elegido para Amar como El nos ha amado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: