Miércoles de la 5ª semana del Tiempo Ordinario

Hace muchos años, que tratando de encajar el génesis, me topé con ciertas contracciones, por ejemplo que en un momento Dios crea al varón y a la mujer juntos, y luego dice en otro momento, que no, que no los creó a la vez, sino que primero a Adán y luego a Eva, como más se ha divulgado. O como hemos visto, hoy dice que no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, Porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, y que antes que la hierba y los árboles creó al hombre, en cambio ayer decía que creó la hierba antes que los animales y al hombre.

Pareciera que Dios se equivoca, que hay muchas contradicciones, pero con el tiempo, ahondando en la Bilblia, y estudiando con más personas, supe que había varias tradiciones, por las que se expresa lo mismo, u otros aspectos, pero con otra forma, con otra historia.

La Bilblia, lejos de lo que dicen muchos sobre su radical dogmatismo y sobre su cuadriculamiento, lejos de eso, es el lugar donde se juntó la sabiduría de muy diversos contextos.

Como ocurre en los evangelios, que es la experiencia en torno a Jesus de distintas comunidades, y esto es una gran riqueza, porque no es la invención de un hombre, no seguimos a un hombre que nos ha escrito algo fijo a lo que seguir a rajatabla, ni siquiera de un grupo aventajado, no seguimos a un grupo, sino que es una vivencia que se dio en diversos contextos, que fue acogida como inspirada por Dios, que tuvo un consenso, que no fue impuesta cuando se originó, que se pasaron unos a otros sin intención de dogmatizar, sino por lo que reportaba en sus vidas, y que como era tan rica y tan llena de vida se fue recogiendo para ser llevada, vivida y revivida, de generación en generación.

Es destacable que la Biblia y los Evangelios no se escribieron como los libros de hoy, para la gente, ni para el que escribe, sino desde la gente, y sin dar mucha importancia de quién lo escribe y derechos de autor. Que no fue una idea, ni un quiero decir esto, ni un arranque literario, que no fue voy a poner este blog o este artículo para ver cuántos me gusta tengo, ni es que voy a dar mi opinión o rebatir aquello, sino que lo primero, ante todo, fue experiencia, y luego, de la riqueza de esta experiencia salio la letra. Como diría Pablo, primero vino el espíritu y después se plasmó en letra. Por eso para entrar en la Biblia hay que ir al espíritu y no quedarse sólo en la letra.

No hay contradicción, no se narra un suceso que ha de ser expuesto con detalle jurídico o matemático, es una vivencia, bueno, son muchas vivencias expuestas y superpuestas, y que si uno las toma como tal aprende a escuchar, y a darla su valor.

Lo que hace la Bilblia es abrirnos el oído, tomar distancia de mi modo de pensar para entrar, y empatizar con aquella época, con los que nos han precedido, estar atentos a lo que se quiso decir antes, y lo que nos quiere seguir diciendo hoy. Por eso sigue siendo viva, y supone un gran acto de vaciamiento para captar su mensaje, incluso uno se da cuenta que esa Palabra no es para leerla solo, que necesita de otros que la compartan y la vayamos desgranando.

Por eso es tan especial la Bilblia, porque auna la diversidad y el acuerdo, porque fueron distintas las fuentes, porque algunas de sus palabras originales por más que las examine un exégeta experto tienen una gran amplitud, una gran apertura, no se dejan atrapar, ya que se pierden en los tiempos.

Es la experiencia de un pueblo, y se puede extrapolar a todos los pueblos, a todas las culturas, es una sabiduría que es del Dios que movía e impulsaba desde antes incluso de tener conciencia de pueblo. Por eso entendieron que esa experiencia relatada así y revivida generación tras generación fuera tambien la manera en que se comunicaba Dios: es su Palabra, que sigue viva ahora, y sigue comunicándonos el camino de cada día, ayer, hoy y siempre.

La cuestión que plantea Jesus sobre los alimentos puros e impuros está muy de actualidad ahora.

Lo cierto es que se sigue discutiendo en la mesa. Desde la mesa de Navidad a los cuchicheos y corrillos de la cena de empresa, desde el banquete de boda al poco aperitivo que ponen en el bar de la enfrente…, y por supuesto las mesas de la palabra y el pan nuestro de cada día.

Jesus lo que plantea aquí es que lo que peor sienta al comer es mi actitud en la mesa.

Puedo estar tomando la comida más saludable, en el lugar más chevere, de cinco tenedores, que, como me queme por dentro la rabia me va a caer como una patada en la tripa. La tristeza quita el hambre, todos lo sabemos, y se está descubriendo que el engordar tiene componentes y necesidades emocionales que se buscan en la comida.

El nudo en el estomago no lo forma siempre lo que hay en el plato, ni tampoco la acidez gástrica es siempre por la vianda. El intestino se mueve no sólo con el alimento, reacciona a las emociones, a cómo elaboramos internamente nuestra experiencia.

Se nos olvida que nuestro estado emocional nos va a dar la pauta de nuestro gusto o disgusto, y tiene que ver mucho en cómo nos sienta una comida. Al margen, desde luego, que una comida en mal estado por supuesto puede dar una descomposición.

Si como con el corazón apretado, si en vez de estar disfrutando del plato estoy molesto por uno de los comensales, por las noticias de la tele, por la reunión que tuve, o lo que me espera mañana…., eso está, no en el plato, sino el mi corazón. Como si el vino me da la alegría que no tengo está también en mi corazón.

El corazón es el gran filtro de lo que comemos.

Con el tiempo se verá que lo que enferma al hombre más que comida es cómo come, qué grado de satisfacción tiene con quién está comiendo, e incluso, si come solo para si, para llenarse y no piensa en los demás.

Lo que alimenta no está tanto en el plato sino en mi, en como acojo la vida y lo que hay alrededor, no sólo a un palmo de mi contenido en ese círculo de porcelana, loza, o cristal.

Más que una ortofagia, o una recta alimentación, como se implantaba antes y también ahora, lo que Jesus propone es el camino del corazón.

No hablo de un corazón especialmente recto, puro purísimo, sino de un corazón que se sienta a la mesa atento tanto a las propias necesidades como a las de los comensales, y tiene en cuenta a las de los que lo prepararon, lo sirven, de donde vino, y de los que no tienen, echando la mirada más allá de mi mesa, con la actitud de María, que es una visión amplia, Global, o con una mirada interior reconciliada y reconciliadora, quitando esa importancia tan desmesurada a lo que realmente no va sino a la letrina, y dándola a la bendición y a la acción de gracias.

¿Dónde tengo mi tesoro cuando como?

Porque lo importante de la mesa de la vida, ¿qué es?

El Señor nos ayude a llegar a lo que permanece, a lo que nos nutre por dentro y por fuera.

Un abrazo

Jesus

.

, 8 de febrero de 2017

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (2,4b-9.15-17):

EL día en que el Señor Dios hizo tierra y cielo, no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, Porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, ni había hombre que cultivase el suelo; pero un manantial salía de la tierra y regaba toda la superficie del suelo.
Entonces el Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo. Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia Oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.
El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal. El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara.
El Señor Dios dio este mandato al hombre:
«Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás, porque el día en que comas de él, tendrás que morir».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 103,1-2a.27-28.29be-30

R/. Bendice, alma mía, al Señor

V/. Bendice, alma mía, al Señor,
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R/.

V/. Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes. R/.

V/. Les retiras el aliento, y expiran,
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,14-23):

EN aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
«Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.
Él les dijo:
«También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina».
(Con esto declaraba puros todos los alimentos). Y siguió:
«Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

Palabra del Señor

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