Jueves de la 5ª semana del Tiempo Ordinario

Hoy el Génesis nos plantea un tema peliagudo, el tema del hombre y de la mujer.

Esta lectura es una de las más divulgadas y también de las más sacadas de sí.

No tengo hoy mucho tiempo para organizarla toda y exponer algunos puntos que quiero destacar, que podían ser muchos.

Si empiezo por el principio de este relato puede ser polémico eso de que la soledad del hombre mueva a Dios a buscarle alguien que le ayude, uff,
por ahí, hoy en día no nos podemos meter, y quien quiera entender entienda.

Por eso voy a empezar por el final:

"no sentián vergüenza uno de otro"

¿Qué os parece la propuesta que hombre y mujer no sientan vergüenza uno del otro?

Hubo un tiempo en que el noviazgo era un proceso largo, y la pareja se iba conociendo, se iban acostumbrando uno al otro, …

Y el temor más grande era cuando llegaban desnudos uno frente al otro.

Bueno, ahora la cosa se ha dado la vuelta.

Tanto el hombre como la mujer superan con más facilidad esto de verse desnudos,
incluso aquel miedo que antes despertaba, y donde se metía la censura, ahora se ve como algo excitante y que incita al conocimiento mutuo.

¿Se puede decir que hemos superado eso de no avergonzarnos al vernos desnudos?

¿Qué es para ti desnudarte?

Ahora se protege mucho el derecho a la intimidad, a la vida personal, y es loable, pero ¿soy capaz de desnudarme enteramente ante la persona que amo?

Te enseño el pecho, pero el corazón, ya veremos, te dejo tocar mi cuerpo, pero no te metas en mis adentros.

Deseo de penetrar, pero no de adentrarse en algo más profundo.

Esto requiere otro tacto, y realmente llegados a un punto hay parcelas de uno mismo en que por más que se diga uno se tapa.

Esto, en relaciones tan estrechas, se refleja tarde o temprano en el cuerpo, que grita estas vestimentas rotas con las que nos tapamos,
el desajuste entre lo que muestro, siento y vivo al final sale, lo veamos o no.

El primero que se tapa soy yo conmigo mismo. Me tapo primero para no verlo yo, porque no quiero verme enteramente, todo mi ser, con todas sus sombras y a la vez con toda su luz..

Y cuando viene una persona que entra en mi intimidad, me protejo. Se hace más grande esa vergüenza, que está ahí, por más desnudos que estemos y nos toquemos.

Así, desnudos en la cama, hombre y mujer son dos grandes desconocidos muchas veces,
y esto es lo que está llevando a que no se entiendan, a la lucha entre lo que uno y otro da,
lo que uno y otro muestra de sí, lo que uno y otro confía.

Sí, porque la confianza tiene que ver mucho con estar desnudos y este no avergonzarse el uno del otro,
si bien, en primer lugar, como he dicho, no avergonzarse de sí mismo y confiar en sí mismo.

A partir de aquí, desnudarse en cuerpo no es suficiente, conviene llegar más adentro.

Este llegar más adentro, hasta las costillas, y hasta sacar esa parte interna mía delante de la relación,
con tacto, ¡que duele!, para dar de sí, de la entraña de uno, poner todo en el asador….

Desnudez, confianza y entrega están relacionados.

Nos solemos quedar ahora más en la primera palabra de la desnudes, por lo provocativa y lo que despierta, pero suele estar coja si le faltan las demás.

Esto requiere un diálogo, en que la mujer y el hombre se redescubren, se recrean, no ellos solos,
sino también Dios en medio, que sabe entrar y sacar todo eso de una forma natural sin herirnos, Dios,
que nos conoce tal cual somos y sabe de qué barro estamos hechos.

Un diálogo en que más que mirar si uno está por encima del otro, más que verlo como una relación de poder,
hay una relación de formarse uno del otro.

Bueno, ya sabemos que la mujer por naturaleza es creadora, engendra vida.

Pues bien, lo que esta lectura quiere recalcar es el papel maternal y engendrador del hombre.

El hombre no tiene útero por donde de a luz, así que el autor toma el recurso de la costilla,
para sacarla de ese sueño que todos tenemos de vivir una vida plena y no estar solos, sino en buena compañía.

La facultad de la vida por lo tanto no está sólo en la mujer, sino también en el hombre a través de Dios.

Eso refleja esta lectura, que ambos son creadores, cocreadores, con entrañas maternales, que dan a luz una nueva vida.

Que lo femenino engendra lo masculino, y también lo masculino lo femenino.

Que de la noche surge el día y del día surge la noche.

Que en este diálogo el hombre y la mujer aprecian lo mejor de sí, y lo mejor de cada uno, del otro.

Que no hay uno más que el otro,que se acepta la diferencia y esto une, y que los dos son los dos polos que se atraen para entenderse
y mostrarse tal cual son, sin miedo de sus desnudeces tanto de cuerpo como las más profundas.

El hombre va desnudando a la mujer y la mujer va desnudando al hombre, o al revés, no importa quien empiece,
lo importante es ir con esa ternura, escuchándose, mirándose a los ojos el uno al otro, y no tener miedo
sino mucha fuerza junta por descubrir que Dios vio que era y es bueno, porque el paraíso es vernos tal cual somos,
sin esconder nada, con respeto y sin vergüenza.

Del Evangelio, uf, también me sugieren muchas cosas.

Para no extenderme hay algo fundamental
y es lo que salva a la hija de esta mujer a través de su madre que fijándose en las migajas es salvada.

Todos somos paganos ante Dios, y sin embargo queremos entrar directamente a sentarnos en los puestos principales de su mesa
y participar como el que ya tiene los derechos de todo.

Sin embargo esta mujer se acerca a la mesa de Dios
no para sentarse entre los elegidos, sino apreciar lo que hay debajo de la mesa.

Aquello que sólo los niños dejan, la sabiduría de un pobre y su sencillez.

¿Cuánto nos hace falta mirar debajo de la mesa de Dios
y empezar por ahí, verdad?, y ver la fuerza que hay en lo
que consideramos más despreciable, lo que se da para los perros..

Esta mujer supo ver vida en los restos, una vida sanadora.

Jesús dice que esto es lo que le ha curado.

Por eso, cuando nos creamos que no estamos participando de todo lo bueno de una conversación,
de una actividad, de un proyecto, de una actividad, de un grupo, o trabajo, cuando nos sintamos desplazados,
que no somos acogidos, separados, como esta mujer sirofenicia, excluida, en las fronteras, y no integrada
cuando nos veamos así, fuera de ese lugar privilegiado, o lo que sea, miremos cerca, que hay miguitas,
que Dios suelta sus miguitas, su alimento, sus signos por toda la creación, con los que no sólo alimentarnos,
sino devolvernos la vida y la salud.

Nadie hay fuera del Amor de Dios, y esta mujer lo supo ver debajo de la mesa, mientras muchos, en la mesa de Dios,
no se dan cuenta de lo que tienen delante de sus platos llenos de satisfacción propia.

Abramos los ojos, ahí, porque hay mucha, muchísima vida en los pequeños detalles que sólo los pequeños dan
y sólo los pequeños saben.

Un abrazo

Jesús

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Jueves, 9 de febrero de 2017

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (2,18-25):

EL Señor Dios se dijo:
«No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle a alguien como él, que le ayude».
Entonces el Señor Dios modeló de la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo, y se los presentó a Adán, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que Adán le pusiera.
Así Adán puso nombre a todos los ganados, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontró ninguno como él, que le ayudase.
Entonces el Señor Dios hizo caer un letargo sobre Adán, que se durmió; le sacó una costilla, y le cerró el sitio con carne.
Y el Señor Dios formó, de la costilla que había sacado de Adán, una mujer, y se la presentó a Adán.
Adán dijo:
«Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será mujer ,, porque ha salido del varón».
Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.
Los dos estaban desnudos, Adán y su mujer, pero no sentían vergüenza uno de otro.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 127,1-2.3.4-5

R/. Dichosos los que temen al Señor

V/. Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.

V/. Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.

V/. Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,24-30):

EN aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro.
Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.
Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies.
La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.
Él le dijo:
«Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella replicó:
«Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».
Él le contestó:
«Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».
Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Palabra del Señor

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