Lunes de la 4ª semana de Cuaresma

"Voy a crear un nuevo cielo
y una nueva tierra:
de las cosas pasadas
ni habrá recuerdo ni vendrá pensamiento."

Decimos de crear, de hacer algo nuevo, algo que cambie, transforme,….

Sí, buscamos un cambio, algo nuevo,…, con patrones viejos, con lo mismo de siempre

con la actitud del pasado.

Si hay algo en mi, que se repite, que me lleva siempre a las mismas historias…,

por más que quiera cambiarlo, ese cielo nuevo, y tierra nueva, no llegan, y

seguirán trayéndome lo mismo, ¿porque de dónde viene el cambio?

Si todos los días me encuentro lo mismo en el trabajo, lo mismo en casa, lo mismo

con los amigos, en la familia,….

¿Dónde está lo nuevo?

¿Dónde está el nuevo cielo y la nueva tierra?

¿Espero que mi hermano cambie?

¿Espero que los políticos cambien?

¿Espero que otros ses reúnan y promovamos algo?

Espero, que…?

¿De dónde viene ese Cielo Nuevo y Tierra Nueva?

¿O tenemos experiencia que es imposible?

¡Qué ya de tanto probar es imposible!

Dice el Salmo:

"Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre."

¿Quién crea el cambio?

¿Quién transforma mi luto en danzas?

Jesús se mete en nuestras fiestas,

esas fiestas en las que muchas veces nos damos cuenta que falta algo,

que nos quedamos que se nos acaba el buen rollito, o que la fiesta decae

supliéndola por otras cosas,

y entonces, alguien pide, ¡qué se nos acaba el vino de la alegría!

Y ahí, entonces, en nuestros Canás de Galilea, en nuestras fiestas,

en las que nos dimos cuenta que no siempre satisfacen,

desde ahi, con esa actitud,

viene Jesús, y convierte el agua en vino.

Claro, Jesús, ha bajado a la fosa,

y por eso nos rescata de la fosa:

como dice el Salmo:

"Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa"

Y esa alegría, nadie nos la podrá quitar.

Es una alegría, que pocos conocen,

un vino nuevo, que pocos conocen,

es un cielo nuevo y una tierra nueva,

que está aquí, aquí y ahora.

"El funcionario insiste:
«Señor, baja antes de que se muera mi niño»."

Baja, ….

El funcionario, sabe que está bajo, en esa fosa, y necesita que Jesús baje ahí.

¡Claro esto significa reconocer cómo estamos!

Sentimientos, pensamientos, ….

Si estamos bien, la gracia no obra.

Si la fiesta va bien, no llamamos a Jesús.

Así, que el vino nuevo, la sanación, sólo llega cuando decimos, VEN,

cuando insistimos: Ven Señor, Jesús

Baja, porque tú has bajado, y sólo tú tienes el vino nuevo

De ti viene el Cielo Nuevo y la Tierra Nueva.

En ese instante se van nuestras fiebres,

y se produce el cambio.

Un abrazo

Jesús.

El 27 de marzo de 2017, 1:45, Jesus <conversandojesus> escribió:


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Hoy, lunes, 27 de marzo de 2017

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (65,17-21):

ESTO dice el Señor:
«Mirad: voy a crear un nuevo cielo
y una nueva tierra:
de las cosas pasadas
ni habrá recuerdo ni vendrá pensamiento.
Regocijaos, alegraos por siempre
por lo que voy a crear:
yo creo a Jerusalén “alegría”,
y a su pueblo, “júbilo”.
Me alegraré por Jerusalén
y me regocijaré con mi pueblo,
ya no se oirá en ella ni llanto ni gemido;
ya no habrá allí niño
que dure pocos días,
ni adulto que no colme sus años,
pues será joven quien muera a los cien años,
y quien no los alcance se tendrá por maldito.
Construirán casas y las habitarán,
plantarán viñas y comerán los frutos».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 29,2.4.5-6.11-12a.13b

R/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

V/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/.

V/. Tañed para el Señor, fieles suyos,
celebrad el recuerdo de su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R/.

V/. Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (4,43-54):

EN aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado:
«Un profeta no es estimado en su propia patria».
Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.
Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.
Jesús le dijo:
«Si no veis signos y prodigios, no creéis».
El funcionario insiste:
«Señor, baja antes de que se muera mi niño».
Jesús le contesta:
«Anda, tu hijo vive».
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:
«Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».
El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Palabra del Señor

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