Lunes de la 6ª semana de Pascua (Comentario)

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Lunes, 22 de mayo de 2017

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (16,11-15):

NOS hicimos a la mar en Tróade y pusimos rumbo hacia Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis y de allí para Filipos, primera ciudad del distrito de Macedonia y colonia romana. Allí nos detuvimos unos días.
El sábado salimos de la ciudad y fuimos a un sitio junto al río, donde pensábamos que había un lugar de oración; nos sentamos y trabamos conversación con las mujeres que habían acudido. Una de ellas, que se llamaba Lidia, natural de Tiatira, vendedora de púrpura, que adoraba al verdadero Dios, estaba escuchando; y el Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo.
Se bautizó con toda su familia y nos invitó:
«Si estáis convencidos de que creo en el Señor, venid a hospedaros en mi casa».
Y nos obligó a aceptar.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 149,1-2.3-4.5-6a.9b

R/. El Señor ama a su pueblo

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey. R/.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes. R/.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca.
Es un honor para todos sus fieles. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (15,26–16,4a):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.
Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho».

Palabra del Señor

Todos recordamos que el color purpura se usa en las vestimentas sacerdotales en ciertas épocas del tiempo litúrgico.

Los fenicios extraían de unos caracoles marinos algo muy preciado: un colorante que se conocía en el mundo antiguo como púrpura de Tiro. El color de las prendas tratadas con él no solo no se desvanecía con el uso, sino que incluso se hacía más intenso. Eso sí, para teñir una sola prenda había que usar unos 9.000 caracoles, así que ya os imaginaréis que una prenda púrpura era más cara que un modelito de Carolina Herrera. Por eso, a lo largo de la historia, las prendas púrpuras han estado asociadas a posiciones de poder: reyes, emperadores, obispos, cardenales… Cuando los soldados romanos se quisieron burlar de aquel ‘Rey de los Judíos’, lo vistieron con un manto púrpura y lo coronaron con espinas.

Un color único

Además, el proceso de obtención no era fácil ni agradable. El extracto de las glándulas de caracol se dejaba ‘macerar’ durante un tiempo, expuesto a la luz del sol. El color iba cambiando progresivamente y había que encontrar el momento justo para detener el proceso y obtener el tan preciado púrpura. Según los romanos, ese momento era cuando el extracto adquiría el oscuro color de la sangre seca. Y es que el púrpura no es un color puro, sino una mezcla de tonos rojos y azules, por lo que en distintos lugares y épocas el color púrpura podía ser bastante diferente.

La púrpura de Tiro era muy costosa: el historiador Teopompo del siglo IV a. C. describió: "La púrpura para los tintes valía su peso en plata en Colofón" en Asia Menor.

Lidia era de: Tiatira que fue una ciudad de Asia Menor, en los límites de Lidia y Misia, actual Turquía. Fue especialmente famosa por su industria gremial tintorera.

Y aquí, en este pasaje de Hechos, esta en Filipos, que tiene un gran significado, en Macedonia, provincia primera colonia romana.

Esto tiene una importancia increíble, y el autor lo destaca porque es algo que imprime mucho, es el paso del purpurado, aquel manto que le pusieron los romanos.

L

El purpurado romano al purpurado de Jesus, esto refleja muy bien el bautismo de Lidia, y su vida.

Ese era el color de la realeza en la antigüedad, como se manifiesta desde el tiempo de los persas (Est. 8:1 5), los medos y otros pueblos antiguos. El pasaje de Daniel indica que también era el color real en el período neobabilónico, que precedió al período persa, como asimismo de los reyes madianitas (Jue. 8:26). Los ricos de tiempos del NT se vestían con púrpura (Lc. 16:19). El manto púrpura con que vistieron a Jesús los soldados romanos 963 (Jn. 19:2) era una burla a sus pretensiones de rey.

Lidia adora al Dios verdadero.

Y da un paso más, escucha, Shema, y entiende el verdadero significado del púrpura, a quien adorar, al verdadero Rey, Rey de Reyes, despojado de todo.

Su corazón se abre así.

Adorar es abrir el corazón de esta manera, y entrar en ese misterio de reconocer a Dios, ahí, en donde los soldados se burlan, que no tiene poder humano, que está desposeído de todo, en lo irrelevante, lo que parece no sirve, sin la apariencia de reinar, de empoderamiento, de éxito…

Así conocemos al Padre, y quién es el Hijo, conocemos al Hijo, y abriendo el corazón la adoración es verdadera.

Claro, que si esto nos impregna, supone que ese púrpura también nos va bañando, nos teñimos de el, que es tan preciado o más que era aquel tinte de Tiatira, porque nos metemos en su bautismo, entramos en su espíritu, nos baña de sí mismo, con todo lo que conlleva, por un lado, su fuerza y también aquello a que nos mueve, que es dar testimonio de lo que nos está movilizando, la fuerza de Dios, su defensa y fortaleza, en medio de las debilidades, y por otro lado, claro, que esto, de ir de Rey, ya sabéis, no gustó a Herodes que hablaran de un Rey al que iban a adorar unos magos de Oriente y muchos inocentes mueren cuando el poder tiembla de creer que puede perder su lugar. La sabiduría de los Magos de Oriente tiene que ver con reconocer al verdadero rey envuelto en pañales, en medio de tanto imperio conquistador que había en sus lugar de origen y en toda su Cabalgata.

¿Y no somos, por el bautismo un pueblo de Sacerdotes (Tinte) Profetas (testigos de la Palabra, testimonio vivo de la fuerza del Dios verdadero), y Reyes, si, somos reyes, Dios se ha fijado en cada uno de nosotros, y nos sienta en su regazo, ¿que mejor trono puede haber?

En Jesús, una de las cosas por las que murió es porque había dicho que era Rey, y esto significaba no ser amigo del Cesar, del Emperador, púrpura imperial. Hoy hay otros con este imperio…

Lidia descubrió quien era Jesús, cuál era su realeza, y adoro esto así, en el escándalo de la cruz, de un desposeído, de un sentenciado, de alguien así, que dejó su realeza para darnos a todos de sí mismo, de su realeza, y sentarnos en tronitos, porque somos reyes, y reinas, al modo de cómo decían los grandes escritores para niños, que en sus cuentos, también transmitían esto, que con un beso, la princesa, como Lidia, despertaba, y se hacía esposa de éste Rey, que había descendido a buscarla, si, como Cenicienta…

Él púrpura es el color por sí, un color que cuesta, cuesta mucho, es bueno, es bello, solo que depende cómo lo hayas conseguido, con que sangre, y sudor, de quien o quienes, si ha sido preferido de alto Ego, de los puestos altos, del poder opresor, que quiere destacar, y aplasta, que quiere todo, acapara, …, y no tiene en cuenta al Dios verdadero, que tiene su trono en otro lugar, sin estas coronas o laureles nuestros. Jesus es el cordero Pascual que nos da el verdadero color púrpura, y su realeza es otra. De hecho a Jesús, en algún pueblo le quisieron hacer Rey, pero él no quiso y también decía que mi reino no es de este mundo.

Cuanta sabiduría hay en ello, que fuerza en el Espíritu, que es como la espada, más fuerte que la de Escalibur, que la que saco el Rey Arturo de la piedra, que para nosotros es el regalo del Espíritu, que desenvaina por nosotros, así, quien llega ahí, sabe sacarla y emplearla, sin esfuerzo, porque es otra fuerza la que se emplea, como lo descubrió Lidia, y en el Libro de Hechos de los Apóstoles lo mencionan, no por casualidad, sino por la unión entre esta experiencia y lo que significa, la iglesia, abriendo camino, estando en Filipo, jo, la carta de los filipenses, de esta ciudad, esta impregnada de este púrpura autentico de JESUS, que tan bien expresa nuestra querida Lidia, y que es la Kenosis, que nos da la vida,

Amen, adoremos al Rey de Reyes.

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