Miércoles de la 6ª semana de Pascua

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Miércoles, 24 de mayo de 2017

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (17,15.22–18,1):

EN aquellos días, los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con el encargo de que Silas y Timoteo se reuniesen con él cuánto antes.
Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo:
«Atenienses, veo que sois en todo extremadamente religiosos. Porque, paseando y contemplando vuestros monumentos sagrados, encontré incluso un altar con esta inscripción: “Al Dios desconocido”.
Pues eso que veneráis sin conocerlo os lo anuncio yo. “El Dios que hizo el mundo y todo lo que contiene”, siendo como es Señor de cielo y tierra, no habita en templos construidos por manos humanas, ni lo sirven manos humanas, como si necesitara de alguien, él que a todos da la vida y el aliento, y todo.
De uno solo creó el género humano para que habitara la tierra entera, determinando fijamente los tiempos y las fronteras de los lugares que habían de habitar, con el fin de que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo han dicho incluso algunos de vuestros poetas: “Somos estirpe suya”.
Por tanto, si somos estirpe de Dios, no debemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre. Así pues, pasando por alto aquellos tiempos de ignorancia, Dios anuncia ahora en todas partes a todos los humanos que se conviertan. Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre a quien él ha designado; y ha dado a todos la garantía de esto, resucitándolo de entre los muertos».
Al oír «resurrección de entre los muertos», unos lo tomaban a broma, otros dijeron:
«De esto te oiremos hablar en otra ocasión».
Así salió Pablo de en medio de ellos. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más con ellos.
Después de esto, dejó Atenas y se fue a Corinto.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 148,1-2.11-12.13.14

R/. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria

Alabad al Señor en el cielo,
alabad al Señor en lo alto.
Alabadlo todos sus ángeles;
alabadlo todos sus ejércitos. R/.

Reyes del orbe y todos los pueblos,
príncipes y jueces del mundo,
los jóvenes y también las doncellas,
los ancianos junto con los niños. R/.

Alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.
Su majestad sobre el cielo y la tierra. R/.

Él acrece el vigor de su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo escogido. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (16,12-15):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».

Palabra del Señor

Pablo nos habla hoy de la relación con aquellos que se quedan en el Areopágo de los discursos y no entran más adentro.

Rema más adentro, decía Jesús en el lago.

Pablo habla de aquellos que no conocen a Dios, o le dan culto, a su modo, sin llegarlo a conocer verdaderamente.

Y no hablo en términos de meter a los que conocen a Dios en el saco de partida de bautismo y los demás no lo conocen, sino del conocimiento o no de Dios, desde cómo lo vivo yo.

Este discurso va a "paganos", a nuestros argumentos para no dar un paso más, ese paso a la confianza, y también a creyentes de aquel momento, de esas iglesias, que tienen este aspecto de venerar a Dios y a su vez no conocerle aún, ser desconocido.

Es una gran verdad. Soy ignorante de Dios. Su misterio me sobrepasa.

Si bien hay que diferenciar lo inconmensurable de ello, como un océano infinito, que no se puede abarcar, y excede mi capacidad, de la actitud ante el misterio, que puede ser, según estas dos maneras:

1.- vivo a su orilla, sin mojarme, refugiado, sintiendo que sus aguas con temor, impidiéndome sumergirme en esa confianza remar mar adentro, adentrarme en el misterio, y en cambio protegerme en una zona segura, creyendo en Dios, en su fuerza, en sus preceptos, mandamientos y enseñanzas, pero no conocerle en la experiencia de meterme en el y ser conocido como soy conocido, experimentar lo que es meterme en su movimiento, su mano.

2.- me sumerjo en este mar, en su confianza, y me mojo para dejar llevarme por su movimiento, el del Espíritu. Con lo que es un no conocer conociendole realmente.

Son dos momentos, e incluso estos momentos también tienen sus pasos y avances para adentrarse más.

La Biblia tiene ejemplos de personajes que creen en Dios, y sin embargo, algunos todavia como vimos, en Lidia, que adoraba al verdadero Dios, estaba escuchando; y el Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo. (Lectura del Lunes pasado), con lo cual, ella le conocía, le adoraba, y el corazón avanza, se abre, se adentro más, porque el Señor va metiéndonos en ese camino, en esa apertura, más en ese misterio.

Hay más formas de ignorancia, sólo que estas quiero reflejar este miércoles según percibo hoy en Pablo.

Y yo mismo soy así, tengo una parte que le conoce y otra que no le conoce, que le adora y que a su vez todavía no le llega a aceptar de todo, no me he metido del todo en él, mi corazón no se ha abierto a todo lo que El significa.

El Discurso de Jesús nos habla de esto de conocer al Padre y al Hijo.

"Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre. Nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar." Lucas 10:22

«¿Dónde está tu Padre?» Respondió Jesús: «No me conocéis ni a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre». Juan 8

Y esto se lo dice a los fariseos, que conocen a Dios, por las Escrituras, y sin embargo, les dice que no le conocen a El ni al Padre…

Pablo da unas claves para tratar esto, esta paganidad nuestra y ajena, aquellos que creen y siguiente paso sobre el que habla, el de la confianza en la Resurrección, que no lo han dado, que no hemos dado, que no he dado.

La Resurrección entra dentro de este conocimiento del Dios de Jesús, y a veces me pregunto si creemos en esto, si confiamos en la Resurrección o si lo tomamos a broma y preferimos que de esta milonga nos hablen en otra ocasión, como dice la lectura.

Pablo, entra con respeto ante este asunto, no es feroz, sino sabe empatizar con ellos, sabe la buena fe, sabe el camino, sabe que han dado pasos, sólo que provoca para dar un paso más, y dejar el asidero de la imagen, de esos conocimientos del Areópago en que nos andamos, esas justificaciones nuestras, para entrar en la confianza plena, sin más agarres que el Dios que nos sostiene, la Fe, Esperanza y Amor que hay en ese dejarse en sus manos.

Claro, que no podemos cargar con todo lo que esto significa, así que Jesús, con el Espíritu Santo nos prepara para ello, nos guía a través del Espíritu a este paso, a su gracia y bondad, a entrar más adentro en su inmenso océano de Amor.

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